martes, 9 de octubre de 2007

Sociedad actual

Sociedad actual
Francisco Javier Chaín Revuelta

Cada vez más la producción tiende hacia la automatización, y por tanto, un número creciente de trabajadores no calificados o menos calificados dejan de ser elementos necesarios en el proceso productivo, y más débil se hace el papel de las antiguas clases trabajadoras en este proceso. Pero el estado actual de la automatización está todavía lejos, incluso en los Estados Unidos, del punto en el que esta tendencia elimine definitivamente a los trabajadores no calificados.

Pero, a pesar de que actualmente las clases trabajadoras industriales poseen todavía la capacidad de detener (huelga general) y redirigir el proceso de producción (toma del poder), aun con estas capacidades, los trabajadores industriales no son todavía los sujetos revolucionarios que lleven a la sociedad a mejores estadios. No tienen la conciencia política y de clase necesaria para ser la fuerza decisiva en un proceso revolucionario. Y no poseen esta conciencia política y de clase porque están en gran medida integrados en el sistema capitalista, integrados no sólo en virtud de la dinámica del propio proceso de trabajo, sino además porque comparten, en gran medida, las necesidades y metas del sistema capitalista.

Toda crítica (costumbre de estas notas) a la sociedad que se padece no puede desatender y minimizar el hecho de que hoy, en gran medida, las clases trabajadoras, incluso en los países industriales avanzados, son no sólo una clase en el sistema capitalista, sino que son además una clase y parte del sistema capitalista. Ellos mismo reprimen o son forzados a reprimir su propia situación, sus propias necesidades reales, sus propios intereses reales; y, en este sentido, piensan y sienten y actúan en términos del sistema de dominación y represión.

Existe, claro está, la posibilidad de que la parte no-enajenada de la clase trabajadora, pudiera lograr conciencia política y de clase para acentuar el potencial revolucionario de los demás trabajadores. Un partido revolucionario podría lograr la comprensión del hecho de que las clases trabajadoras, incluidos lo de mejor nivel de vida, viven bajo condiciones intolerables, que existen condiciones infames de empobrecimiento y miseria. La llamada sociedad opulenta, la llamada sociedad de consumo es intolerable por su agresividad, su despilfarro, su brutalidad, su hipocresía. Es intolerable por la manera en que perpetúa formas obsoletas de la lucha por la existencia, por la manera en la que perpetúa la pobreza y la explotación, las condiciones inhumanas de trabajo con todo tipo de aceleración y de supervisión opresivas, frente a las posibilidades de la automatización auténtica. Es intolerable por la manera en la que extiende la forma mercancía de las cosas y los hombres por toda la sociedad en todas sus dimensiones.

Estas condiciones intolerables existen, pero no han generado la conciencia política y la necesidad vital de un cambio radical. No existe un partido revolucionario que tenga la función de desarrollar esta conciencia y esta praxis políticas. Por el contrario, todos los partidos existentes de la región y país, demuestran pertenecer y ser parte del sistema capitalista que se padece, han demostrado ampliamente sus tendencias conservadoras y opresoras, y de estar al servicio del poder brutal que somete y reprime personas y pueblos. fjchain@hotmail.com

lunes, 8 de octubre de 2007

Revolución de cuello blanco o azul

Revolución de cuello blanco o azul
Fco. Javier Chaín Revuelta

Uno debe preguntarse si la destructiva coexistencia competitiva entre socialismo y capitalismo, que identifica la época, no es obstáculo insuperable para la emergencia del socialismo como una sociedad cualitativamente diferente. ¿No frena esta coexistencia competitiva la transición hacia una sociedad libre, hacia una sociedad con nuevos objetivos y nuevas aspiraciones?

Esta coexistencia de capitalismo y socialismo no puede subestimarse, no puede olvidarse, no puede dejarse fuera de cualquier consideración que tienda a construir la sociedad nueva. Tenemos que preguntar si esta competencia destructiva (agravada por la ventaja que llevan las sociedades capitalistas) puede ser rota de alguna manera. La nota puede sugerir que esa posibilidad reside en una visión diferente del socialismo y en una práctica que luche por trasladar esa visión a la realidad. Los acontecimientos del movimiento estudiantil de 1968 y los realizados por el pensamiento de vanguardia hasta el presente han mostrado que la esperanza de la sociedad libre no es completamente utópica.

En la discusión sobre la conformación de la nueva sociedad libre los que tienen que hablar son los jóvenes, los estudiantes no enajenados tienen mucho que decir, ellos son los que se autocuestionan sobre quien es el “sujeto revolucionario” de hoy.

Las tentativas definitorias del sujeto revolucionario pasan por decir que “es esa clase o grupo que, en virtud de su función y posición en la sociedad, se halla en la necesidad vital y es capaz de arriesgar lo que tienen y lo que pueden alcanzar dentro del sistema establecido con el objetivo de remplazar este sistema -un cambio radical que por supuesto implica la destrucción, la abolición del sistema existente” Lo anterior implica que la clase o grupo referida debe tener la necesidad vital de hacer la revolución, y debe ser capaz de al menos iniciar tal revolución, si no le es posible llevarla al final.

Quien use esta noción de sujeto revolucionario, tendrá que decir que la revolución sin la
clase trabajadora es todavía inimaginable. Nadie puede pensar en ningún país técnicamente avanzado donde una revolución pueda ser llevada a cabo sin las clases trabajadoras industriales. Por otro lado, precisamente en los países más avanzados del mundo capitalista, la mayoría de las clases trabajadoras no tienen la necesidad vital de hacer la revolución, no la desean y, de forma bastante comprensible, no desean arriesgar lo que tienen a cambio de un sistema social completamente diferente.

La tradición marxista distingue entre el sujeto revolucionario por sí o en sí, y el sujeto revolucionario para sí. Las clases trabajadoras en los países industriales avanzados son, por sí mismas, todavía el sujeto revolucionario mientras mantengan la posición central y básica en el proceso de producción, el cual son capaces de detener o redirigir. Esta nota (observe usted) cita el factor temporal (“mientras”) en vista de las transformaciones decisivas del capitalismo de hoy: El declive del número de trabajadores de cuello azul en proporción a los trabajadores de cuello blanco. fjchain@hotmail.com

domingo, 7 de octubre de 2007

Sociedad de calidad

Sociedad de calidad
Fco. Javier Chaín Revuelta

Nadie puede negar lo evidente, nadie puede olvidar que la dominación y la explotación se perpetúan no sólo en las instituciones de la sociedad de clases, sino además en los instintos y pulsiones y aspiraciones conformadas por esta sociedad clasista que se padece. La dominación y la explotación se extienden aún más allá, se prolonga en todo aquello que la gente (gobernada, sometida, administrada, enajenada) ama, odia y lucha por conseguir. Incluso la dominación y la explotación se extiende en lo que la gente encuentra bello y placentero. La sociedad de clases no se encuentra únicamente en la producción material, no se encuentra únicamente en la producción y reproducción cultural, se encuentra también en la mente y en el cuerpo de los sujetos y objetos del sistema. Todos conocen y viven la dominación y la explotación. No es nada nuevo para nadie, pero la lucha contra tal situación podría empezar a olvidarse.

Ha tocado a los rebeldes no olvidar la lucha contra la terrible dominación y explotación que se padece. A los estudiantes rebeldes de 1968 –motivo de estas notas, a 39 años del movimiento- correspondió señalar que se vive en una sociedad sin calidad. Les correspondió articular de manera teórica y práctica, e incorporar, la idea de que la revolución, desde el comienzo, debe construir una sociedad no sólo cuantitativa, sino cualitativamente distinta. El movimiento estudiantil ha articulado aquello que se conocía en abstracto, esto es, que debemos lograr una nueva sociedad y existencia humana.

Seguramente, la abolición de la escasez, la eliminación de las desigualdades, el crecimiento del nivel de vida permanecen y deben permanecer como los objetivos principales de todas y cada una de las sociedades socialistas futuras, pero la nota reflexiona que el esfuerzo por alcanzar estos objetivos no debería estar lastrado por el peso, el peso muerto del modelo americano de industrialización y modernización, el modelo americano de crecimiento del nivel de vida. La industrialización y la modernización pueden mantenerse “a la medida del hombre”, esto es, se pueden evitar los rasgos de masificación, ruido, fealdad, carencia de alegría, competitivos de la producción y el consumo capitalistas, y se puede construir un ambiente en el que la sensibilidad humana, el cuerpo humano, los instintos vitales del hombre puedan finalmente encontrar ese universo que el nivel de progreso técnico conseguido y conseguible hace hoy posible.

La autodeterminación es la diferencia cualitativa de una nueva sociedad socialista. Aquí la nota debe señalar que un mero cambio en la forma de administrar no es una diferencia cualitativa. Incluso si el cambio en la administración reemplaza una clase por otra, o mejor por ciertos grupos de esa otra clase, no es todavía un cambio cualitativo, en tanto que la nueva clase mantenga las aspiraciones y valores de la sociedad establecida, mientras que el progreso capitalista permanezca como el modelo de progreso más o menos escondido. Lo decisivo no es la forma administrativa, lo decisivo son los hombres y las mujeres con nuevos objetivos y valores hacia una sociedad de calidad. fjchain@hotmail.com

sábado, 6 de octubre de 2007

Socialismo de la libertad

Socialismo de la libertad
Fco. Javier Chaín Revuelta

El proceso de trabajo hay que situarlo racionalmente al servicio del libre juego de la mente, de la imaginación y en el libre juego con las posibilidades placenteras de las cosas y la naturaleza.

La satisfacción de las necesidades que llevan a una libertad que crea de nuevo necesidades, expresan las contradicciones básicas del capitalismo en el ámbito del progreso técnico competitivo, como el conflicto entre el creciente nivel de vida extendiendo la forma mercancía de los hombres y las cosas. El modelo de progreso americano, por un lado, y, por el otro, el creciente potencial de libertad creando otras necesidades. Esto es, la solución de las necesidades por medio de la creación de otras necesidades, de otros valores y de otras aspiraciones en un juego ilógico y sin fin.

La utopía posible apunta no sólo a la reducción de la jornada de trabajo, sino a la transformación del trabajo mismo. Y no sólo por medio de las relaciones de producción básicas y las instituciones necesarias de una sociedad libre, sino también por medio de la emergencia y educación de un nuevo tipo de hombre, un hombre libre de las necesidades, aspiraciones y actitudes agresivas y represivas de la sociedad de clases, seres humanos que construyan solidariamente y por su propia iniciativa, su propio entorno, su propio “mundo de la vida” su propia “propiedad”.

El socialismo puede definirse como la restauración de la propiedad individual sobre la base de la socialización de los medios de producción y de la tierra. Esta nota pretende y se esfuerza por entender la extraña y hoy bastante olvidada reintroducción del concepto de propiedad individual dentro de la misma definición de socialismo como una visión de los rasgos más esenciales del socialismo: la visión de un nuevo modo de vida. El hombre no puede ahogarse y perecer como especie en sus vicios, mitos y tradiciones, ni resignarse con esa exclamatoria pereza de mentes congeladas que creen que “el mundo siempre ha sido así” El ser humano es biología a cultivar para crecer a estadios superiores, a un nuevo modo de vida social superior.

El sujeto de una nueva sociedad socialista debe ser el sujeto de una nueva sensibilidad. Hay algo así como un raíz instintiva de libertad en el individuo mismo y si esta raíz instintiva no puede crecer, la nueva sociedad no será libre, independientemente de las instituciones que ponga en marcha. La raíz instintiva de libertad en el individuo, por ejemplo, generará una necesidad biológica de silencio, soledad, paz; una necesidad de belleza y de placer, no como momentos pasajeros de relajación, sino como cualidades de la vida, que serán incorporadas al espacio mental y físico de la sociedad.

Se debe romper con la dominación y explotación y con el desarrollo represivo de las fuerzas productivas. La sociedad cualitativamente distinta será el logro de hombres y mujeres que se han liberado a sí mismos de la cultura material e intelectual de la sociedad de clases, y que son libres para desarrollar un lenguaje, un arte y una ciencia que respondan a una sociedad libre. fjchain@hotmail.com

viernes, 5 de octubre de 2007

LA ESFERA DE LA LIBERTAD

La esfera de la libertad
Fco. Javier Chaín Revuelta

En la relación entre libertad y necesidad existe el concepto marxista que prevé condiciones de completa automatización donde el productor inmediato queda fuera (“disociado”) del proceso material de producción y se convierte en una persona (un “Sujeto”) libre en el sentido de que puede jugar, experimentar con el material técnico, con las posibilidades de la máquina y de las cosas producidas y transformadas por las máquinas. Esta visión avanzada hacia una (posible) sociedad libre fue aparentemente abandonada (o dejada de tarea) por el propio Marx ya que no vuelve aparecer en sus valiosos escritos. Lo que si aparece en El Capital es que el desarrollo sin límites de las fuerzas productivas es una precondición y prueba del socialismo, con lo cual se subordina la libertad a la productividad, al aumento constante de productividad. La libertad, el grado, extensión y nivel de libertad conseguidos dependería del grado de productividad conseguido. No parece ser problema el tipo, modo o dirección de desarrollo de las fuerzas productivas, en tanto que prevalezcan la escasez y la pobreza (sin pobres no hay café de pobres) ya que la abolición de la escasez y la pobreza parece ser el objetivo principal.

En las “sociedades opulentas”, las sociedades capitalistas desarrolladas técnicamente, hay desarrollo de dos caras. Por un lado, el progreso capitalista aumenta constantemente la cantidad de mercancías necesarias que pueden ser adquiridas en el mercado por el poder de compra asequible. Esto significa en estos países una tasa creciente de producción de los así llamados bienes de lujo, incluida la llamada industria de defensa, y una creciente producción de desechos y cachivaches, mientras se conservan amplios sectores de pobreza y de miseria, incluso dentro de las fronteras de la sociedad.

Esto significa la extensión de la esfera de la necesidad dentro de la esfera de la libertad. Siempre más cachivaches, siempre más “bienes de lujo”, siempre más mercancías y servicios de entretenimiento tienen que ser comprados con el fin de alcanzar ese nivel de existencia donde tienes el privilegio, en virtud de tu poder de compra, de, al menos, una módica libertad dentro del entramado de la sociedad capitalista. En este sentido, podemos decir que, en el capitalismo avanzado, el desarrollo de las fuerzas productivas equivale al desarrollo de la servidumbre voluntaria, voluntaria, por supuesto, en sentido irónico. El nuevo automóvil que tienes que adquirir cada dos años, el nuevo televisor que tienes que comprar con el fin de poder estar a la altura de tus vecinos y pares, todos estos instrumentos y mercancías incrementan e intensifican tu dependencia de los cada vez más vastos aparatos de producción y distribución, controlados por los poderes dominantes.

Pero hay todavía otro aspecto de este desarrollo. La creciente productividad del trabajo tiende a transformar el proceso de trabajo en un proceso técnico en el que el agente humano de producción cada vez realiza en mayor medida el papel de supervisor, inventor y experimentador. Esta tendencia es inherente a la creciente productividad del trabajo y su misma expresión. Es la extensión de la esfera de la libertad, o más bien de la esfera de la libertad posible, dentro de la esfera de la necesidad. fjchain@hotmail.com


jueves, 4 de octubre de 2007

La esfera de la Necesidad

La esfera de la Necesidad
Francisco Javier Chaín Revuelta

Si el movimiento estudiantil del 68 irrumpió simultáneamente la tranquilidad burguesa en muchos países y a la distancia (39 años) se le caracteriza y recuerda como punto de inflexión entre la sociedad tradicional y la actual, bien merece tinta y repaso. Hay en el movimiento estudiantil una aguda crítica al concepto de humanismo, incluso del humanismo socialista, en cuanto ideología burguesa, una crítica que puede ser fácilmente malentendida. El humanismo, de acuerdo con esta crítica, es el nombre de un ideal que todavía huele a represión, (represión que se disfraza con lemas cursis: “gobierno con rostro humano” etc.) aunque a una represión refinada y sofisticada, a una interiorización, sublimación de la libertad y la igualdad. El joven pensante de hoy (aquel que logra salvarse de la enajenación brutal a que son sometidos y mediatizados los estudiantes) siente en la idea de humanismo un grado de sublimación que ya no está dispuesto a tolerar, porque ya no es necesario para el progreso humano. No es necesario ni para la emergencia de una sociedad libre ni para la emergencia de individuos libres. Para estos jóvenes pensantes el término humanismo es inseparable de la alta cultura afirmativa de la sociedad burguesa, sociedad que se encuentra en plena decadencia.

Es inseparable de la idea represiva de la persona o personalidad que puede “auto-desarrollarse” sin exigir demasiado al mundo, poniendo en práctica el grado de resignación requerido socialmente. Para ellos, el humanismo sigue siendo un concepto idealista que subestima el poder y el peso de la materia bruta, el poder y el peso del cuerpo, de la biología mutilada, del hombre, de sus instintos vitales mutilados. Para los jóvenes pensantes de la nueva izquierda, el contenido del socialismo es preservado en un concepto de sociedad libre más radical, más “utópico” y, al mismo tiempo, más realista, una visión del socialismo que puede quizás ser caracterizado del mejor modo posible como una nueva relación entre la esfera de la libertad y la esfera de la necesidad, que difiere de la clásica concepción de esta relación en el pensamiento de Marx. Para la concepción marxista clásica la libertad humana en su sentido verdadero sólo es posible más allá de la esfera de la necesidad. La esfera de la necesidad misma se mantiene siempre como una esfera de no libertad, y lo máximo que puede alcanzarse ahí es una reducción significativa de la jornada de trabajo, y un alto grado de racionalidad y de racionalización. Así, esta concepción tipifica la división de la existencia humana entre un tiempo de trabajo y un tiempo libre, la división entre razón, racionalidad, de un lado, y placer, alegría, plena satisfacción, por el otro, la división entre trabajo alienado y no alienado. De acuerdo con este concepto clásico marxista, la esfera de la necesidad seguirá siendo una esfera de alienación por mucho que se reduzca la jornada laboral. Es más, esta concepción parece implicar que la actividad humana libre es esencialmente distinta, y debe permanecer así, del trabajo socialmente necesario. Tampoco parece aplicable a una sociedad industrial altamente desarrollada la temprana noción marxista del individuo completo que puede hacer una cosa hoy y otra mañana. Ya que habría cientos y miles de personas que querrían ir a pescar al mismo tiempo o ir al campo al mismo tiempo, que querrían escribir poemas o críticas al mismo tiempo. Estas condiciones no corresponde exactamente a la imagen de libertad, la libertad y la liberación social del hombre va mucho más allá, allá donde la utopía y la imaginación ya se van abriendo camino para construir de la nueva realidad. fjchain@hotmail.com

miércoles, 3 de octubre de 2007

La esfera del porvenir

La esfera del porvenir
Francisco Javier Chaín Revuelta

Aparte de recordar que constantes de este país son la brutalidad, tortura, violación de derechos humanos, abuso de poder (Aguas Blancas, Atenco, de nuevo Atenco, Oaxaca, Ascencio, Cacho, etc.) también recordamos las brutalidades y crímenes cometidos contra los mejores y valerosos estudiantes antes, durante y después del 2 de Octubre de 1968.

Pero también, para que no quede sólo roja y muy sangrienta, la nota puede discutir sobre los conceptos utópicos y la manera en la que los supuestos conceptos utópicos se hacían realidad, o al menos estaban camino de realizarse, gracias a los movimientos estudiantiles en Francia, Alemania o México. Una gran influencia generacional y feliz es la que muestra (Geist Utopie) cuan realistas pueden ser los conceptos utópicos, cuan próximos a la acción y cuán próximos a la práctica.

La nota rebatirá (sin dejarse convencer) una de las ideologías más viciadas de la actualidad, a saber, la ideología que deroga, denuncia y ridiculiza las imágenes y los conceptos más decisivos de la sociedad libre como meramente “utópicos” y “sólo” especulativos. Pudiera ser que, precisamente en aquellos aspectos del socialismo que son ridiculizados en la actualidad como utópicos resida la diferencia decisiva, el contraste entre una auténtica sociedad socialista y las sociedades establecidas, incluidas las más avanzadas sociedades industriales. Pienso que hoy estamos siendo testigos de una revuelta contra aspectos e ideas del socialismo que eran tabú, un intento por volver a captar aspectos e imágenes del socialismo reprimidos que están volviendo a la plaza pública de nuevo y que están siendo vivificados y activados por los movimientos sociales y revolucionarios en ascenso.

La consigna de la nota es una de las tantas pintas sobre los muros de México y del Mundo que marcan la esencia del movimiento estudiantil “Seamos realistas, exijamos lo imposible” Está frase marca un punto de inflexión en el desarrollo de las sociedades establecidas, y quizás, no sólo en las sociedades capitalistas. Frente a este hecho, ninguna revalorización de los conceptos marxistas es posible hoy sin referirse a los movimientos de estudiantes. No quiere decir que los estudiantes (reclusos privilegiados) por sí mismos constituyan una fuerza revolucionaria. Lo que el movimiento estudiantil representó no fue la vanguardia de las masas revolucionarias, sino una minoría dirigente, una minoría militante y pensante que articula lo que todavía está inarticulado y reprimido entre la vasta mayoría de la población. Es un movimiento intelectual, y no sólo una vanguardia intelectual, el movimiento estudiantil es algo más que un movimiento aislado; es, más bien, una fuerza social (que volverá, aunque lo tengan enajenado, sometido y mediatizado) capaz quizás de articular y desarrollar las necesidades y aspiraciones de las masas explotadas en los países capitalistas.

El movimiento estudiantil de la segunda parte del siglo XX en varios países iluminó la distancia que separa las ideologías tradicionales de la realidad en la que vivimos actualmente. El movimiento estudiantil reveló la inadecuación de los conceptos tradicionales de la transición del capitalismo al socialismo y la inadecuación del concepto tradicional de socialismo. El movimiento abrió las puertas del porvenir, hizo de las utopías realidades y estableció la imaginación como único poder posible. fjchain@hotmail.com